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El pasado 17 de abril, 1200 presos palestinos iniciaron una huelga de hambre indefinida para denunciar el abuso de la “detención administrativa” por parte de Israel. Una lucha contrarreloj embarcó a los negociadores que alcanzaron un acuerdo horas antes de que comenzara la Naqbah y que muchos aventuraban como el inicio de una III intifada. Los presos se sienten engañados, los palestinos estafados con la negociación. Israel y la ANP nuevamente desactivan las protestas y la llamada a la movilización.
Javier Diaz Muriana

El pasado martes, 14 de mayo, el representante de los prisioneros palestinos, Qadura Fares, anunció un acuerdo entre éstos y la IPS (Servicio Penitenciario Israelí en sus siglas en inglés), para poner fin a la huelga de hambre masiva de los prisioneros palestinos. El acuerdo, termina con el pulso entre las autoridades israelíes y los 1200 prisioneros palestinos que iniciarion el pasado 17 de abril, Día del Prisionero, una huelga de hambre masiva para denunciar el trato inhumano dentro de las prisiones y reclamar el cumplimiento de la ley internacional respecto a la figura de la detención administrativa.
En total, más de 2000 prisioneros secundaron ésta huelga masiva, si bien muchos de ellos ya la habían comenzado antes. Es el caso de Thaer Halahlel, de 33 años y natural de Hebrón y de Bilal Thiab, de 27 años y natural de Kufr Ra’ey, un pueblo cerca de Jenín, que llegaron a cumplir los 77 días sin ingerir alimento.
Dicho acuerdo, que contó con la mediación de Egipto, no implica la libertad de los prisioneros, sino una mejora en las condiciones de vida de éstos en las prisiones israelíes. De una forma vaga, el acuerdo no alcanza a las exigencias de muchos prisioneros, que piden la liberación inmediata, y lamentan que el acuerdo pueda llegar a legitimar una práctica ilegal, como son las detenciones administrativas masivas, según las leyes internacionales.
Entre los puntos alcanzados, se encuentran las visitas de familiares, en primer grado de parentesco, a unos 400 presos de la Franja de Gaza, y la liberación sin cargos de los que hayan cumplido la condena del primer periodo de 6 meses si no se encuentran nuevas acusaciones contra ellos.
A última hora de la madrugada del día 14 y hasta el momento, las negociaciones comenzaron a realizarse con cada uno de los presos. La principal organización de defensa de los prisioneros y los derechos humanos en Palestina, Addameer (conciencia en árabe) denunció que ésta negociación individual se está realizando sin un abogado independiente presente.
Los acuerdos de Ashkelon (prisión en la que se encuentran un numeroso grupo de palestinos prisioneros y donde se llevó a cabo la negociación), apuntan muchos activistas, solo buscaban un objetivo: Desactivar las protestas el Día de la Naqbah (El Desastre: el día siguiente a la proclamación del Estado de Israel), al que muchos profetizaban por marcarlo como el día del inicio de la III Intifada. Para ello, tanto la ANP como Israel buscaron desesperadamente un titular que colgar en la prensa internacional, lo suficientemente creíble para la comunidad internacional y, sobre todo, para simbolizar una victoria a dos: La ANP vendió el acuerdo como un éxito de negociación, e Israel como una pequeña cesión que muestra su misericordiosa solidaridad.
Es por ello que el acuerdo, pese a conseguir un compromiso escrito por parte de Israel de mejora de las condiciones de dentención, es considerado por muchos palestinos y palestinas, como un acuerdo entre gobiernos para sacar rédito político y como un engaño por parte de los propios prisioneros hacia ellos y sus familias.
Tanto es así que muchos de los prisioneros se han sentido estafados y han continuado su huelga de hambre hasta las últimas consecuencias, lo que pone en peligro el acuerdo alcanzado: según el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, los huelguistas debieron terminar la huelga de hambre en 72 horas desde la firma del acuerdo para que éste fuese puesto en práctica.
Sin embargo, Addameer ha confirmado que al menos 5 prisioneros siguen en huelga de hambre. Por su parte, Weizman, portavoz de la IPS afirmó el pasado jueves que “la huelga masiva se ha acabo” y que la decisión de algunos prisioneros de continuarla “no afecta a los acuerdos de Ashkelon”.
Addameer da por hecho que los huelguistas no están recibiendo una atención médica adecuada en las prisiones y además denuncia que el IPS niega sistemáticamente el acceso a médicos independientes por parte de los presos. La organización denuncia igualmente el maltrato continuado al que someten a los detenidos: golpes, privación del sueño, estancias prolongadas en posturas dolorosas, simulación de ahogos, estrangulación, abusos verbales y mentales, sesiones de interrogatorios intensivos, confinamiento en solitario, celdas de aislamiento y registros nocturnos, son solo algunos de ellos. Entre 2000 y 2008, 17 prisioneros murieron por negligencias médicas dentro de las cárceles de Israel.
15M, el desastre se repite
Israel temía una nueva intifada que pueda dar al traste con sus intereses coloniales en la región y despertar las críticas que, tras las primaveras árabes, la crisis en Europa y las elecciones en EE.UU., habían mantenido en segundo plano la gran expansión territorial dentro de las fronteras del 67. En los últimos años, más de medio millón de israelíes consiguieron asentarse en territorio palestino con ayuda del Estado hebreo, que considera los asentamientos legales a ojos de su justicia.
Con las conversaciones en estado de coma político y la huelga de hambre en su máximo apogeo, el ambiente se respiraba tenso en Ramallah, Gaza o Jerusalén. Muchos palestinos, hartos del rutinario tira y afloja de las conversaciones de paz, y desmovilizados durante los dos últimos años por las divisiones internas entre las distintas facciones palestinas y la normalización de la ocupación en sus territorios, vieron en la huelga masiva de hambre un acto heroico que debía corresponderse en la calle.
Y muchos pensaron en el Día de la Nakba para hacerlo posible. 64 años tras éste hecho histórico, la fecha esta grabada a sangre y fuego en la mente de los palestinos y las palestinas que iniciaron un éxodo masivo; pero también en los que se quedaron, que soportan las humillaciones de una ocupación sin fin.
Durante todo el día, decenas de manifestaciones fueron convocadas por toda Cisjordania y la Franja de Gaza. Organizaciones como Stop the Wall (socios de ACSUR Las Segovias) o el movimiento independiente juvenil Herak Shebabi, marcharon ante la prisión de Ofer, cerca de Ramallah, para pedir la liberación de los presos palestinos y captar la atención de la comunidad internacional. Más de 80 personas fueron heridas durante los enfrentamientos entre el ejército de ocupación israelí y los manifestantes. Alrededor de 600 personas acudieron a la prisión, en la mayor manifestación de protesta ante ésta cárcel israelí que se recuerda en los últimos años.
La llamada tercera intifada no comenzó, como muchos preveían e incluso deseaban. Pero la juventud, que había recibido muchas críticas por su escasa movilización en los últimos tiempos, despertó ayer con fuerza e indignación, tras un largo letargo sumido en la desesperanza y la impotencia gracias a la mezcla de dos temas muy sensibles para los palestinos: la usurpación de sus tierras y los presos. Y es que, desde la guerra de 1967, Israel ha detenido a más del 20% de la población de Palestina, entre ellos 23.000 mujeres y 25.000 niños.
Detención administrativa
En la actualidad, más de 4.600 palestinos se encuentran presos, entre ellos más de 200 niños, según Adameer. Se tratan de presos políticos o de conciencia, algunos, militantes como el mismo Thiab, de la yihad islámica, considerada terrorista por las potencias de occidente e Israel; o los 27 miembros del Consejo Legislativo Palestino. En el último año, se ha duplicado ésta práctica, considerada ilegal de acuerdo a las leyes internacionales, que ya afecta a más del 40% de los varones adultos de los Territorios Ocupados.
Las detenciones administrativas suponen un amargo presente en la vida de los palestinos de Cisjordania y Gaza. Muchos de ellos han sido detenidos en numerosas ocasiones acumulando estancias de hasta 6 años, como fue el caso de Khader Adnan, que tras pasar 66 días en huelga de hambre, fue puesto en libertad sin cargos el día en que sus compañeros iniciaron la huelga de hambre masiva.
Israel utiliza esta figura jurídica respaldándose en las leyes que el Mandato Británico sobre Palestina utilizó durante su periodo colonial. Sin cargos ni acusación, Israel se permite detener a cualquier persona que “pueda suponer un peligro para la seguridad de Israel o de los israelíes” durante 6 meses ampliables sin fecha de fin. Las organizaciones internacionales que trabajan en Palestina lo saben y lo denuncian. El abuso de las detenciones administrativas constituye un castigo colectivo al pueblo palestino. Un pueblo olvidado, que fuera de los focos, clama por su dignidad.